Más de 7 mil millones 💸 de pesos reportados en inversiones, seis años de gobierno y una promesa que todavía enfrenta la prueba más importante: la calidad del agua.
El 7 de diciembre de 2018, Enrique Alfaro llegó a la cascada de #Juanacatlán para anunciar una de las grandes prioridades de su gobierno: comenzar el saneamiento del #ríoSantiago.
Era apenas su segundo día como gobernador de Jalisco. Frente a uno de los símbolos más dolorosos de la contaminación ambiental en el estado, presentó una estrategia de 3 mil 418 millones de pesos.
Seis años después, su administración reportaba inversiones superiores a 7 mil 333 millones, obras hidráulicas, plantas de tratamiento y avances en la cobertura de saneamiento.
Pero en noviembre de 2024, al cerrar su gestión, el propio Alfaro reconoció una realidad: “el río no se ha limpiado y falta mucho por hacer”.
¿Qué pasó con la promesa?
Los registros oficiales muestran avances en el tratamiento de aguas residuales municipales. De acuerdo con MIDE Jalisco, la cobertura en la cuenca pasó de 64.01% en 2018 a 70.66% en 2024.
Sin embargo, tratar más agua residual no significa necesariamente eliminar la contaminación industrial ni recuperar por completo el ecosistema.
En julio de 2026, análisis difundidos a partir de los registros de la Comisión Estatal del Agua documentaron la presencia de metales como arsénico, cadmio, cromo, mercurio y plomo en muestras tomadas en distintos puntos del río.
Y en febrero de este año, organizaciones ambientalistas volvieron a advertir que las acciones de saneamiento eran insuficientes frente a la magnitud del problema.
Las obras y la deuda ambiental
La administración de Alfaro reportó infraestructura y recursos ejercidos. Esos avances deben reconocerse y verificarse.
Pero el resultado ambiental requiere otra evaluación: conocer qué contaminantes disminuyeron, cuáles persisten, cuántas descargas industriales están bajo vigilancia y qué mejoras pueden demostrar las autoridades para la salud de las comunidades.
La recuperación del Santiago tampoco depende únicamente del gobierno estatal. Municipios, Federación e industrias tienen obligaciones específicas en el control de las descargas y el tratamiento de aguas.
Una promesa que atravesó un sexenio
Alfaro comenzó su gobierno frente a la cascada de Juanacatlán, anunciando el rescate del río.
Lo terminó presentando una estrategia de largo plazo, con horizonte hacia 2050 y con el reconocimiento de que la limpieza todavía estaba pendiente.
Hoy la pregunta no es solamente cuánto dinero se ha invertido, sino qué resultados ambientales verificables han producido esas inversiones.
Porque para las familias que viven junto al Santiago, la recuperación no puede medirse únicamente en millones de pesos, kilómetros de colectores o discursos oficiales.
Debe reflejarse en agua de mejor calidad, menos contaminación, protección de la salud y un río que pueda recuperar su vida.
Charly Saucedo TV | Investigación especial